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VIEJOS AMIGOS PRESUMIDOS

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Alan García Pérez

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César Hildebrandt

César Hildebrandt entrevista a Alan García durante las lecciones forzosas del 2001 que provocase el presidente Alberto Fujimori tras su fuga y renuncia por fax, a su tercer quinquenio, desde Tokio.

Debe usted recordad la entrevista

Joven todavía, pero con una experiencia vieja para dirigirse al público y dominar situaciones engorrosas, Alan cree haberse encontrado con un viejo amigo con quien conversaría informalmente de sus nuevas intenciones para el Perú como presidente por segunda vez, después de once años.

Mes de febrero, año 2001, el Perú se encontraba en plenos comicios electorales forzosos tras la sorpresiva y cobarde renuncia, expresa mediante un fax proveniente de Tokio, al mandato presidencial por tercer periodo consecutivo que hiciese el autogolpista Alberto Fujimori Fujimori. Alan, había regresado al Perú luego de ocho años, inmediatamente después de que prescribieran los delitos por los que se le persiguió durante ese tiempo, con la única intención de cumplir “la profecía maldita” de volver al sillón presidencial.

El hijo pródigo escogió -o aceptó, no lo sé- exponerse a las garras de un periodista feroz y de opinión dogmática, además de cruda y cruel -con justificada razón para este caso-, para aprovechar su audiencia televisiva y convencer al ciudadano peruano que viene con signos de arrepentimiento y por tanto, habría que votar por él. Difícil tarea si primero tendría que convencer al su duro entrevistador.

Muchos temas puestos en el tapete para el interés nacional se cuestionaban y discutían esa noche. Desde luego, todos aquellos, no querían ser, ni siquiera, mencionados por el zorro expresidente: hiperinflación, la estatización de la banca, invento de riqueza, corrupción. Infinidades de horrores, qué más decir… entre otros.

Llega un punto en el que la entrevista me hace recordar a la que David Frost le hiciese al presidente Nixon  tres años después de su dimisión por el escándalo Watergate; pues había mucha estrategia de por medio, ambos domadores de la palabra y de su propia idea. Esas, eran sus armas de ataque y réplica. La larga diferencia con el escenario peruano era que Hildebrandt no logró lo que violentamente, y como sea, quería conseguir: la mea culpa y arrepentimiento de Alan García en su programa de televisión por el desastroso y corrupto gobierno del que todos saben, hablan  y aseguran que robó… pero sin pruebas.

Alan, ha sido un personaje -y aún lo es- astuto. Si observa la entrevista podrá notar que su peculiar sonrisa sarcástica, sumada a la retórica, intelecto y excelente dominación del lenguaje corporal, fue un arma infalible en puntos vitales de la entrevista; porque hizo distraer el objetivo del periodista. Las impactantes preguntas-aseveraciones que soltaba Hildebrandt durante la entrevista, caían en un juego de duelo de exhibicionismo de bagaje intelectual que lamentablemente perdía de contexto a una gran masa peruana que también tiene derecho a escuchar y entender lo que se discute sobre su país. Ahora todo giraba en quien sabe más que quien.

Haré una digresión. Francisco Loayza Galván -hombre muy cercano a Fujimori durante su aparición en el escenario político de las elecciones de 1990- ya en el año 98 había revelado una serie de datos en los que comprometía -o mejor dicho, ponía al descubierto- al Dr. García y la cúpula aprista de haber ayudado la candidatura de Fujimori aún si esto significase sacrificar a su ficha Alva Castro para esas contiendas, tan solo por derrotar al candidato del Fredemo.

No era para menos. Mario Vargas Llosa supo ganarse a este cargoso enemigo político. Su campaña la había desarrollado en base a los errores del gobierno de la estrella que destrozaron la economía del Perú en el periodo 85-90, y, siempre, durante sus discursos de campaña amenazaba con, si llegase a ganar las elecciones, investigar a fondo y sancionar todo acto de corrupción que encontrase durante el gobierno de Alan García. Imperdonable estrategia, había que destruirlo sin piedad.

Como ven, ésto y mucho más sobre Alan ya se conocía por fuentes confiables; sin embargo, en la entrevista, no reconoce nada. Y las preguntas, primero inteligentemente, luego sarcásticamente y finalmente violenta y humillantemente formuladas, que le hiciese César, tampoco responde,  inteligente y muy hábilmente: “¿Se habrá arrepentido el García del 85?”, “¿No es Ud. El padre de Fujimori?”, “¿No robó usted, doctor García?”, “¿No le hubiera convenido venir a reconstruir el partido que casi destruyó en vez de apetecer la presidencia que ya probó?”, “Por qué es tan ambicioso doctor García”. No hay respuesta que satisfaga mi sed.

Sin embargo, ha sido -a mi juicio- la entrevista del siglo; o quizá esté exagerando, me rectifico, pues aún vamos por la segunda década del XXI y aún no sabemos si mañana, no tan tarde, aparezca entre nosotros un periodista inteligente como Alfonso Tealdo, además agudo como Manuel D’Ornellas, agresivo como Ricardo Müller alumno retrato de Raúl Villarán y polémico como César Hildebrandt.

Kevin Carbonell Allende

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